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Manual de supervivencia para un viaje de fin de curso en Asturias

Manual de supervivencia para tu viaje de fin de curso en Asturias

Hay viajes que se cuentan y otros que se viven. El de fin de curso pertenece a la segunda categoría. Es el broche de un año entero, una mezcla de nervios, ganas y despedidas, ese momento en el que el grupo deja de ser “la clase” para convertirse en una pequeña comunidad que va a convivir —y sobrevivir— unos días fuera de su hábitat natural.

El viaje empieza mucho antes de salir. En los mensajes del grupo, en las listas que nadie cumple, en el “yo llevo el altavoz” y el “acuérdate de la crema solar”. Hay ilusión, planes y, sobre todo, la sensación de que algo distinto está a punto de pasar. Y si el destino es Asturias, la aventura está garantizada.

Asturias no es un lugar que se visite: es un lugar que se experimenta. Su paisaje cambia a cada curva, y en un mismo día puedes pasar del verde intenso de la montaña al azul profundo del mar. Aquí las rutas no se miran, se caminan. Los ríos no se fotografían, se descienden. Y la lluvia no estropea nada: simplemente forma parte del plan.

La mochila: tu primer desafío

Hacer la mochila para un viaje de este tipo es casi una prueba de carácter. Están los que meten de todo “por si acaso” y los que se presentan con una muda y una sonrisa. En Asturias, la prudencia gana. El clima es imprevisible y la comodidad manda. Unas buenas zapatillas o botas de montaña, gorra, chubasquero, agua y algo de abrigo te salvarán de más de una.

Para las actividades acuáticas, lo básico: bañador, toalla y ropa seca. Y, por si alguien lo duda, sí, la crema solar sigue siendo necesaria, incluso entre nubes. Si vas ligero, mejor. La mochila es una aliada, no un castigo.

¿Quieres saber qué necesitas meter en tu mochila si decides practicar una de las actividades de Cangas Aventura? ¡Echa un vistazo al vídeo!

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Cuando empieza la acción

La jornada suele arrancar fuerte. El barranquismo es un baño de naturaleza pura: saltos, toboganes naturales y pozas de agua cristalina. Solo necesitas tu bañador y las ganas de mojarte; el resto del equipo lo pone Cangas Aventura. Los gritos, eso sí, son personales e intransferibles.

Después llega el turno del descenso del Sella, la experiencia que todo visitante quiere vivir al menos una vez. Es imposible no disfrutar del paisaje, del ritmo del río y de esa mezcla de calma y descontrol que tiene remar en grupo. Consejo práctico: el remo no flota solo. Agárralo bien o acabará viviendo su propia aventura.

Y para quienes necesitan descargar energía, nada como una partida de paintball. Aquí no hay rival pequeño: se gana con reflejos, compañerismo y sentido del humor. La puntería es opcional; la risa, obligatoria.

En el parque de aventura, la gravedad deja de ser teórica. Tirolinas, puentes colgantes y plataformas en altura ponen a prueba el equilibrio y la confianza. Si tienes vértigo, respira y no mires hacia abajo. O míralo todo: el paisaje lo merece.

Para cambiar de ambiente, la espeleología ofrece el lado más misterioso de Asturias. Adentrarse en una cueva es descubrir otro mundo. Entre estalactitas, pasillos estrechos y el sonido del agua subterránea, se aprende algo esencial: no todo lo asombroso está a la vista.

Y si todavía queda energía, el tour en lancha Nautilus pone el punto marítimo al viaje. La costa asturiana desde el mar es una postal en movimiento. Lleva algo de abrigo —el viento no perdona—, gafas de sol y, si eres de los que se marean, anticípate. El resto será disfrutar del horizonte y del sonido de las olas.

Lo que no se puede meter en la maleta

Un viaje de fin de curso no se mide por el número de actividades, sino por los momentos entre ellas. Por las risas en el autobús, las bromas internas, los silencios de cansancio compartido, las cenas improvisadas o los baños que empiezan siendo “solo hasta las rodillas”. Asturias se presta a todo eso: al desorden, a la espontaneidad y a esa sensación de estar donde uno quiere estar.

Al final, este tipo de viajes dejan algo que no cabe en ninguna guía. Tal vez sea la primera vez que ves amanecer sin dormir, o que te lanzas al agua sin pensarlo dos veces. Tal vez descubres que te encanta algo que nunca habías probado. O que la lluvia, cuando estás pasándolo bien, ni molesta.

Por eso este manual no es una lista de normas, sino una invitación. Ven con lo necesario, pero deja sitio para lo imprevisible. Asturias se encarga del resto.

Y si te olvidas algo, que no sea la toalla.